El presupuesto público

Vol. 09 N° 02 – Información Contable

A nadie escapará que en los tiempos en que vivimos decidir encarar cualquier tipo de emprendimiento (aún en el plano familiar o personal), trae aparejado, si se pretende alcanzar un grado de probabilidad de éxito importante, planificar la tarea en el tiempo.

Nuestra idiosincrasia no se lleva muy bien con esta sana práctica. Tanto en el ámbito público como en el privado, permanentemente observamos que la improvisación es la regla y que son pocos los que le asignan vital importancia a la planificación como estilo de administración.

La planificación no implica, únicamente, proyectar actividades para el futuro, sino también la forma en que se llevarán a cabo, los recursos económicos con que financiarlas, establecer los márgenes de error aceptables y los mecanismos de control para detectar los desvíos y rectificar rumbos equivocados.

Por supuesto, existen muchas formas de planificar una actividad económica (de eso se trata nuestro análisis). Algunas de estas formas responden a metodologías probadas, con rigor científico en su fundamento, y ampliamente generalizadas. Otras, responden a requerimientos específicos del ente al que se aplicarán.

La Hacienda Pública responde en esta temática a un conjunto de normas que establecen claramente cómo debe planificarse, ejecutarse y controlarse la actividad económica del Estado.

Sin embargo, la adopción de estos procedimientos es relativamente reciente, a partir de reformas estructurales que se fueron plasmando en normas específicas para la administración de los recursos del común. Sobre ellos nos referiremos.

Por Carlos Pedro Pérez

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